¿Te dije que te quiero?

Me imagino la mesa de tu casa, madera donde apoyas los codos, sosteniendo tu cabeza con la manos, pensando en mí.
Quiero creer que pensando solamente en mí. Que lo demás, lo que hubo antes, se evaporó como una borrachera.
Con qué jaboncito mágico podrá borrarse de tu pensamiento todo lo que no tenga que ver conmigo.
En blanco te quiero.
Sin ayer te quiero.
Una estatua te quiero, hasta el momento de conocerme...
Que como en los cuentos de hadas, mi aliento haya sido el causante de tu despertar, de tu entrada a la vida.
Me duele tu memoria anterior.
Me golpea cada paso que hayas dado hacia otra parte que no fuera ese día, ese lugar, esa hora en que mis pasos llegaron a juntarse con los tuyos.
Algo en mí te descubrió.
No me preguntes qué hubo en esa fugacidad, en ese leve intercambio de saludo y chau que entretejió con una telaraña irrompible nuestras vidas.
No sé esperar, ni darle tiempo al tiempo.
La paciencia y la resignación no son virtudes: son una desgracia.
Yo desvivo sin ti.
Y desmuero cuando tu voz me crea.
Como un sabueso entrenado busco con el hocico tu presencia en las telas, en mi ropa, en los papeles que has tocado.
Humildemente quiero ser tu sangre. Humildemente quiero ser tu balsa de madera. Humildemente quiero ser las rosas de tus plantas. Humildemente quiero ser un fuego que te derrite sin quemarte. Humildemente quiero ser tu sueño, el agua que te lava, la sábana que te cubre, la mañana que te besa los párpados con un licor de oro, la sed que te bebe a traguitos pequeños, la sed que te enloquece, la sed que te trae hacia aquí sin demora, el huracán que te sacude, la paz que te distiende, las alas... yo quiero ser tus alas, extendidas alas llevándote y trayéndote, elevándote sobre todos los paisajes del mundo, sobre todos los paisajes del alma. 

Desmorime, pero no me desames.
Desatame, pero no me deshojes.
Desvivime todo lo anterior, pero dame la vida de ahora en adelante.
También yo quiero estar en blanco. También yo quiero estrenarme contigo.
Desprender dolores y antiguas alegrías.
He rezado de rodillas pidiéndole a Dios que me permitiese encontrarte.
Y ahora, de rodillas, le estoy dando gracias por haberme brindado este milagro.
Amor amor ¿Te dije que te quiero? 


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